La noche fue eterna. Las palabras de Ricardo se clavaron en mi cabeza como astillas. ¿Elena lo buscaba a él? ¿Mi marido era el carcelero de una mujer que prefirió la muerte? No podía pegar el ojo. Me quedé mirando el techo de la habitación principal, sintiendo que las paredes de la hacienda se me venían encima. Julián llegaría hoy al anochecer y la tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo.
Bajé a desayunar con Mariana, intentando fingir que todo estaba bien. Ella me observaba con preoc