86- Victoria del enemigo

—No quiero que dejen solo a mi tío, hagan turnos de grupo. —Maximiliano siguió dando órdenes a los cuatro escoltas.

Yo permanecí en silencio al lado de la cama de Gael. Se le veía muy mal, su respiración era forzada

El veneno devoraba sus órganos con una lentitud sádica, transformando al CEO que formó un gran imperio.

Maximiliano cerró la puerta y se colocó a mi lado. No dijo ni una palabra, permanecía firme, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en las puertas.

Éramos la única esperanza de
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