Respiré aliviada al llegar al departamento, aunque me molestaba el toque de Maximiliano, tenía que disimular.
Él me tomó por la cintura y me miró a los ojos, pude ver que la culpa del secreto lo atormentaba.
Sin pedirme permiso me cargó en sus brazos y me llevó a la habitación.
Luego de cubrirme con una colcha me dio un beso suave en los labios.
—Acuéstate a mi lado, mientras me duermo.
Vi su incomodidad, todo en él transpiraba un nerviosismo que antes yo habría atribuido a la simple preocupaci