Adrián soltó una carcajada seca, y miró a Maximiliano. Con una calma que me congeló la sangre.
—Busca bien, genio. Revisa mis bolsillos tú mismo.
—Para eso está aquí la policía. Yo solo soy el guardián de la seguridad de mi tío.
Con un movimiento teatral y pausado, Adrián metió las manos en sus bolsillos delanteros. Los jaló hacia afuera uno por uno. Estaban completamente vacíos.
Los policías revisaron los bolsillos posteriores. No había nada. Luego se abrió el saco, mostrando el forro de sed