Mis ojos se nublaron con lágrimas que me negué a soltar, cuando crucé el umbral de la mansión Altamirano, no pude evitar recordar todo lo que viví allí.
—Bienvenida, futura prima. —Tamara me dio un beso en la mejilla.
Su prometido solo emitió un seco: Hola.
—Ya casi somos familia, Adrián. Dame un abrazo. —Dije mientras lo apretaba con fuerza. Su cuerpo vibró ante mí, pero disimuló muy bien ante los demás.
Eché un vistazo a la sala, todavía estaba colgado un cuadro grande de Gael.
Me acerqué y l