—Padre, ¿Ocurre algo? Adrián se niega a decirme, ¿Discutieron?
—Pregunta a tu novio, si él no te dice nada, entonces no sucede nada.
Me dolían las manos de tanto apretarlas y el corazón me latía con fuerza.
Lo miré, ahí de pie, con esa arrogancia que yo no podía doblegar, y sentí una rabia tan pura que me quemó la garganta.
Él rompió el silencio, no le convenía que mi hija se enterara de sus andanzas.
—Mi amor, el suegro y yo solo hablamos asuntos triviales.
—Ya lo oíste, yo los dejo, ya tengo