El hospital era el único lugar donde podía despojarme de mi coraza. Estar al lado de Gael me daba la paz que necesitaba.
Allí, junto al sonido rítmico del monitor que custodiaba su estado de coma. Allí dejaba de ser la mujer que se peleaba con medio mundo por el bienestar del imperio Altamirano.
Allí era solo una mujer, una madre que protegía con las uñas el futuro del hijo que crecía en su vientre y que buscaba desesperadamente una señal de vida en el hombre que amaba.
Esa tarde, antes de re