Arya.
Tuve que aprender a leer entre líneas, las intenciones ocultas de los accionistas. No es fácil ser la presidenta de las empresas Altamirano.
Antes tenía la ayuda de Maximiliano y ahora estoy sola en el estanque de tiburones financieros.
No la tengo nada fácil, los ejecutivos y todo el entorno son machistas, se niegan a aceptar que una mujer lleve las riendas del consorcio.
Me miran con desprecio, viéndome como la simple nuera del jefe, una débil que no aguantaría la primera presión.
Pe