Gael.
—Tú mi amor, solo tú, decía ella.
La templé por el cabello hasta para acercarla más. La mujer soltó un chillido de dolor.
Lo humillante y patético de la escena me golpeó de golpe en mi dignidad, devolviéndome una pizca de lucidez.
Esta no era Arya. Arya nunca se doblaría así. Ella preferiría morir antes que darme el gusto.
La solté de inmediato, ella estaba asustada y temblaba cayó de rodillas, llorando, acomodándose la ropa rota con dedos temblorosos.
La miré desde arriba con superiori