Arya.
—¿Quién puede ser a está hora? —Susurré todavía adormecida.
No es para menos, cuando el teléfono suena a las tres de la mañana, no trae nada bueno, nunca.
Cuando vi el nombre de la clínica en la pantalla de mi celular, se me erizaron los vellos del brazo.
La voz del otro lado era rápida, nerviosa, desprovista de la calma profesional que suelen fingir los recepcionistas.
Solo entendí tres palabras antes de que el mundo se me viniera encima: Gael, accidente, urgencias.
No recuerdo cómo m