Arya.
—Ya voy saliendo, no puedo creer que esto suceda. Es nuestra culpa, Gael.
—Bien, yo cumplí con avisar, dile a Tamara, ella tampoco me quiere atender el teléfono.
La voz de Gael sonaba apagada del otro lado de la línea, sentí un nudo en la garganta y un sentimiento de culpa.
Nuestras acciones irresponsables habían desatado un vendaval de situaciones.
Corrí a la habitación de Tamara pero ella no estaba. La llamé a su número y me respondió rápido.
—Arya, ¿Por qué me llamas? ¿Le pasa algo a