Gael.
Maneje toda la noche sin rumbo fijo. No regresé a la mansión. No podía descansar mientras mi hijo seguía en ese estado.
El frío del amanecer entraba por la ventanilla de mi auto, pero mi cuerpo estaba caliente.
El dolor por la parálisis de mi heredero se había convertido en un propósito único: la destrucción de la rata que osó morder la mano que lo alimentaba.
Toda la noche pensando en mi desquite, ya lo tenía claro, sólo tenía que hacer una visita antes.
Cuando amaneció me fui directo a