Gael.
Arya fue quien finalmente rompió el silencio. Con voz llorosa me lo dijo:
—Maximiliano está hospitalizado, Tu yerno, no solo intentó deshacerse de ti. Hace envió a sus sicarios, Querían matarme. Mi esposo me salvó la vida.
Un gemido de angustia brotó de mi pecho.
Mi hijo, mi heredero, estaba en una maldita clínica debatiéndose entre la vida y la muerte por culpa del mismo parásito que me obligó a fingir mi muerte.
No había tiempo para asimilar la culpa, ni para procesar la retorcida tra