Lo interrumpo sin darle tiempo a terminar la frase.
—Vámonos, dejemos de pelear esta guerra que no es nuestra.
Más que una proposición es una súplica, soy joven, merezco ser feliz en un hogar tranquilo, al lado de un hombre que me ame.
Él levanta la cabeza de golpe, me mira sorprendido. No esperaba semejante cosa.
—¿Qué pretendes? —pregunta, sin moverse.
—Ser feliz, lejos de todo lo que nos rodea. Podemos tomar un vuelo a primera hora de la mañana. Comprar una casa cerca de la playa … Lejos