Su rostro está serio, tenso. Me tomó de la cintura en forma posesiva.
Nos vimos a los ojos, los destellos de sol destacan más esa mirada, mucho parecido con Gael, solo le falta la dureza y frialdad que tanto extraño.
—Cuida bien como me hablas, yo odio a ese hombre. Esto no hubiera pasado si me dejas actuar a tiempo.
—Tú permitiste esto —dice él. Su voz es un susurro cargado de frustración—. Dejas que ese infeliz la golpee, le das consejos para que aguante. No te entiendo.
Sostengo su mirada.