POV: Cecilia Hernández
Después de que Aslin pagó el vestido, pensé que regresaríamos a casa. Pero cuando subimos al auto, le dijo al chófer que tomara una ruta diferente. No dijo nada; solo mantuvo esa expresión serena mientras el chofer conducía, como si cada movimiento estuviera perfectamente calculado.
—¿A dónde vamos ahora? —pregunté, observando cómo el paisaje urbano reemplazaba los campos que habíamos cruzado antes.
—A almorzar, querida. No puedo dejarte volver con el estómago vacío —resp