POV: Cecilia Hernández
Subí las escaleras sin mirar atrás, con el eco de sus pasos alejándose todavía retumbando en mi cabeza. Cada sonido, cada palabra que había pronunciado frente a ella, me atravesaba como una aguja invisible. Cerré la puerta de mi habitación con fuerza y apoyé la espalda contra ella, dejando que el silencio me envolviera. Solo entonces las lágrimas comenzaron a deslizarse por mi rostro, tibias, rebeldes, traicioneras.
No quería llorar. No debía hacerlo.
Me limpié el rostro