Mundo ficciónIniciar sesiónHabían pasado horas desde la despedida de Beatriz, y la mansión, ahora envuelta por la penumbra del inicio de la noche, parecía respirar más despacio. Las luces encendidas en su interior creaban un contraste tibio con el cielo ya oscurecido afuera. Cada habitación parecía suspendida en el tiempo, demasiado quieta, demasiado grande, demasiado llena de lo que no se decía.
Isabella estaba sentada en la butaca de lectura del cuarto, con los pies descalzos recogidos bajo las piernas. El pelo, antes recogido con cuidado, ahora caía en ondas deshechas sobre los hombros. Usaba una camiseta ligera de algodón azul, con encajes blancos en el cuello, simple y delicada. La única compañía era el sonido amortiguado de su propio corazón, que insistía en palpitar como si aún estuviera delante de él.







