Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en el salón era casi suave. Ese tipo de silencio que parece acoger el dolor sin hacer preguntas. Yo aún estaba sentada en el banco del piano, con los hombros caídos, el cuerpo cansado como si hubiera corrido kilómetros sin salir del lugar. La ventana abierta dejaba entrar el olor húmedo de la tierra mojada, y afuera, el cielo seguía grisáceo, como si hubiera elegido vestirse del mismo color que yo por dentro.
Marta permanecía a mi lado, con la misma presencia tranquila de siempre, como un ancla silenciosa que sabe exactamente dónde y cómo estar.
—¿Te enamoraste de él? —completó ella, con la dulzura de quien no juzga, solo ve.
Bajé la cabeza. No respondí. Admitirlo en voz alta es exponerme a un peligro aún mayor que sentirlo en silencio. Pero mi respiración cambió. Y cuando ella me miró otra







