Mundo ficciónIniciar sesiónLos días que siguieron al regreso de Lorenzo aquella madrugada de lluvia fueron como un castigo que se arrastraba, silencioso e implacable, por las paredes frías de la mansión Velardi. El tiempo parecía moverse más despacio, como si el universo hubiera contenido la respiración, esperando un desenlace que nadie sabía nombrar.
Lorenzo, antes solamente distante, ahora era ausencia. Se encerraba en su despacho durante horas, hundido entre montones de papeles que fingía revisar. Salía a reuniones interminables y regresaba demasiado tarde, siempre con la mirada nublada, como si cargara el peso del mundo sobre los hombros. Cuando la inevitabilidad lo enfrentaba a Isabella —por causa de Aurora o por descuido—, mantenía la mirada fría, el semblante impenetrable, la voz seca, precisa, impersonal.







