Giulia y Stefano fueron elegidos como padrinos de Benjamim y estaban radiantes. Minutos antes de que comenzara la ceremonia, Isabella les entregó al bebé. Benjamim, que hasta entonces dormía, abrió lentamente los ojos y, como si sintiera el cariño que lo rodeaba, empezó a aplaudir con entusiasmo.
— Ma-má… Pa-pá… Te-te… — balbuceó, llamando a Aurora por el apodo que él mismo había inventado para su hermana.
Aurora, que estaba a su lado, comenzó a reír, llena de orgullo:
— ¿Vieron? ¡Te-te soy yo!