El sonido de una risa infantil cortó el aire tibio de la tarde como un soplo de vida.
Siete meses…
Ese fue el tiempo necesario para que el silencio sepulcral de la mansión Vellardi empezara a ceder espacio a algo que nadie se atrevía a nombrar. Felicidad, esperanza… o simplemente el eco de algo que existió en la casa antes de la tragedia. Aurora había vuelto a sonreír. E Isabella era el centro de ese nuevo universo.
La niñera, la joven de ojos azules y rasgos dulces, ahora caminaba por el ja