El sol apenas había asomado en el cielo cuando Lorenzo despertó. En realidad, quizá ni siquiera había dormido. La almohada estaba marcada, pero su mente había pasado la madrugada en vigilia. Cada vez que cerraba los ojos, la misma imagen regresaba: Aurora, acurrucada en los brazos de Isabella, durmiendo como si estuviera exactamente donde pertenecía.
Y aquello lo consumía.
Se levantó antes de las siete. Tomó una ducha rápida, se puso una camisa blanca perfectamente planchada, abotonó cada botón