La mansión se despertaba lentamente, como si respirara junto con el sol. Por fuera, los primeros rayos de la mañana atravesaban el cielo, teniéndolo con tonos de oro, rosa y ámbar. Una ligera neblina aún yacía sobre los jardines, cubriendo los campos con una suave capa de bruma que se evapora lentamente bajo el cálido toque de la nueva luz.
Dentro de la suite principal, el aire permanecía serenidad. El perfume de lavanda del difusor en la esquina se mezclaba con la frescura del amanecer, creando un aroma delicado, casi acogedor. Las cortinas de lino flotaban suavemente con la brisa que entraba por la ventana abierta, y la luz dorada comenzaba a extenderse por el cuarto, pintando los muebles con sombras cálidas y suaves.
Benjamin fue el primero en despertar. El pequeño cuerpo comenzó a moverse en la cuna, al lado de la cama, los brazos regordetes estirándose en el aire, los pequeños dedos cerrando y abriendo como si intentara agarrar un pedacito de sueño. Un pequeño gruñido escapó de s