Mundo ficciónIniciar sesiónEl almuerzo en la veranda de la hacienda era un cuadro vivo de paz, calidez y sabor. La mesa de madera rústica estaba cubierta por un mantel bordado a mano, herencia de familia que Flora hacía cuestión de usar en ocasiones especiales. El aroma de comida casera —pollo caipira dorado en la olla de hierro, arroz suelto con hierbas del huerto, verduras asadas y farofa crocante— invadía el aire, mezclados con el







