Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido de la lluvia de la noche anterior aún resonaba dentro de Isabella como un recuerdo vivo. Incluso ahora, con el cielo cubierto por un gris opaco y un silencio casi solemne dominando la mañana, todavía sentía ese eco en la piel, como si cada gota hubiese marcado no solo la superficie, sino el alma.
La tormenta que los envolvía —no sólo afuera, sino dentro de ellos— permanecía en su memoria como una herida y, al mismo tiempo, como un consuelo.
El colchón aún conservaba el calor del cuerpo de él.
Era como si el tiempo se hubiera detenido, manteniendo intactas las huellas de lo que habían sido. Cada fibra de la tela, cada aroma en el aire, todavía guardaba rastros del tacto de Lorenzo, de la intensidad







