Mundo ficciónIniciar sesiónLorenzo Vellardi
La noche había sumido la mansión Velardi en un silencio casi sagrado. El único sonido era el leve murmullo del viento afuera, rozando las ventanas como si la propia madrugada quisiera espiar lo que sucedía allí dentro. En el dormitorio principal, el velador aún encendido proyectaba sombras suaves sobre los muebles elegantes, y el aire estaba impregnado del aroma dulce del jazmín.
Isabella dormía. Estaba allí, a mi lado, tendida con su cuerpo pequeño envuelto entre las sábanas arrugadas, el rostro sereno, los labios entreabiertos en un suspiro leve. Una imagen de paz… de inocencia.
Y fue en ese instante, mientras la observaba tan cerca y al mismo tiempo tan distante, que sus palabras regresaron a mi mente con la fuerza de un







