Mundo ficciónIniciar sesiónEl corredor de la mansión parecía más largo que nunca.
Isabella avanzaba con pasos tensos, arrastrando una maleta que pesaba más por los sentimientos que por las pertenencias. Cada paso era un duelo entre lo que sentía y lo que sabía. El sonido de las ruedas del equipaje resonaba como una sentencia. Tenía los dedos blancos de tanto apretar el asa, como si con eso pudiera mantener el corazón en su sitio. Pero su corazón ya no estaba allí.
Estaba dormido en el piso de arriba, en un cuarto decorado con peluches y adhesivos de estrellas en el techo.
Entonces, como una flecha disparada en plena noche, la voz que Isabella más temía escuchar desgarró el silencio:
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