Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj marcaba casi medianoche y la casa estaba sumida en un silencio inusual. La luz suave de la lámpara de rincón iluminaba parte de la sala de estar, donde Isabella permanecía sentada, con el libro cerrado sobre el regazo. No había logrado avanzar ni una sola página. Sus ojos, aunque posados sobre las palabras impresas, estaban muy lejos de allí.
Lorenzo a







