La casa estaba llena de un movimiento extraño, una mezcla de nervios y expectativa que se sentía en el aire. Denisse caminaba de un lado a otro con una libreta en la mano, revisando listas mentales que ya había revisado demasiadas veces: invitados confirmados, flores, música, vestidos, tiempos. Todo parecía bajo control… y aun así, nada lo estaba del todo.
Noah, desde el otro lado de la habitación, la observaba con una sonrisa tranquila. Le gustaba verla así, concentrada, entregada incluso a los detalles más pequeños. Para él, ese caos era la prueba de lo importante que era ese momento.
—Si sigues caminando así, vas a desgastar el suelo antes de la fiesta —comentó con suavidad.
Denisse se detuvo, lo miró y soltó una pequeña risa cansada.
—No puedo evitarlo. Siento que si dejo de pensar un segundo, algo va a salir mal.
Noah se acercó y le tomó la libreta de las manos.
—Todo va a estar bien —le aseguró—. No estás sola en esto.
Ella asintió, agradecida, pero antes de responder notó algo