El nuevo día amaneció con una claridad tranquila, casi engañosa.
La luz del sol entraba por los ventanales de la casa Winchester con suavidad, dibujando líneas doradas sobre el suelo de madera y las paredes claras. Denisse llevaba ya más de una hora sentada frente a Fred, concentrada en una serie de ejercicios que había preparado especialmente para él. Sobre la mesa había hojas con colores, lápices, un par de libros abiertos y una taza de té que comenzaba a enfriarse sin que ella lo notara.
—Mu