Los tonos morados del atardecer se fundían con el gris oscuro de algunas nubes, presagiando, no solo la noche acercándose, sino también evocando la quietud previa a una densa tormenta.
Isabella caminaba por su habitación como un animal enjaulado. El tiempo se le estaba acabando y aún no había podido conseguir la valiosa pieza de información para llevar a cabo el plan de Stefano.
En pocas horas, los cargamentos rusos llegarían al puerto, y Stefano necesitaba los números de reconocimiento para qu