El grito ahogado de Elisabetta cuando el teléfono resbaló de sus manos fué el detonante. Nicolo pasó del sueño profundo a una alerta letal en una fracción de segundo, su mano buscando el arma bajo la almohada antes de que sus ojos enfocaran el miedo en el rostro de su prometida.
La imagen en la pantalla, de Elisabetta durmiendo, vista desde la mira de un enemigo, cambió la atmósfera de la casa.
En las horas siguientes, la mansión se selló. Las persianas de acero bajaron, bloqueando el sol, y el