Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa luz de la tarde entraba por los ventanales del penthouse con una calidez suave, casi maternal. Marcus estaba sentado en la alfombra, con Melissa recargada en él, coloreando un dibujo de un unicornio que ella insistía en que debía ser “azul porque así son los unicornios que vuelan”. Laila preparaba té en la cocina, moviéndose con una serenidad que, a los ojos de Marcus, convertía cada cosa que t







