Mundo ficciónIniciar sesiónEl cielo de Manhattan amaneció gris, como si el día mismo presintiera que algo iba a romperse. Clara aparcó frente al edificio Blackthorne con la calma estudiada de quien no improvisa jamás.
Llevaba un abrigo beige sobre un vestido de seda negro y los labios pintados de un rojo discreto.
No era un color de seducción, sino de guerra silenciosa.







