La noche no cayó de golpe; se fue instalando en el penthouse como una marea que sabe a qué muebles debe rozar primero. Marcus apagó luces sin darse cuenta, dejó dos platos escurriendo, recogió una crayola caída debajo del sofá y, en ese gesto, notó que el cansancio no era cansancio: era un peso nuevo con forma de cuidado. Melissa dormía con la boca entreabierta, exhausta de reír. Laila ya se había ido hacía una hora. El silencio era amable, pero llevaba dentro una vibración que él no sabía nomb