Mundo de ficçãoIniciar sessãoLaila no le dice a nadie más.
No porque tenga miedo, sino porque entiende algo nuevo: hay cosas que necesitan habitarse antes de nombrarse.
Marcus tampoco lo dice. A nadie. Ni siquiera a sí mismo en voz alta. Lo guarda como se guardan las cosas valiosas: con respeto, con atención, con una vigilancia silenciosa







