Mundo ficciónIniciar sesiónLaila no le dice a nadie más.
No porque tenga miedo, sino porque entiende algo nuevo: hay cosas que necesitan habitarse antes de nombrarse.
Marcus tampoco lo dice. A nadie. Ni siquiera a sí mismo en voz alta. Lo guarda como se guardan las cosas valiosas: con respeto, con atención, con una vigilancia silenciosa que no asfixia.
La casa cambia sin que nadie lo declare.
Marcus empieza a levantarse antes. No porque sea necesario, sino porque quiere. Prepara el desayuno con más cuidado. No pregunta si Laila durmió bien; lo observa. Aprende a leer el ritmo de su respiración, la forma en que se estira al levantarse, el segundo exacto en que su cuerpo parece pedir pausa.







