Mundo de ficçãoIniciar sessãoClara seguía intentando seducirlo. Marcus fue honesto, como siempre con ella: le contó los intentos, los toques, la insistencia, el vacío. Le dijo con palabras simples lo que su cuerpo ya había gritado: que no había respuesta, que no había deseo, que había rechazo. Laila sintió la puñalada igual, porque el solo hecho de que Clara lo tocara era ofensivo, pero la puñalada se transformó en otra cosa cuando Marcus la miró con firmeza y añadió: “Siempre uso protección. Siempre. Y no, Laila… yo no he estado con ella. Ni una vez. Desde ti, no. Aunque esté bajo ese techo.”
Esa frase cambió algo en Laila. No la curó. No borró el daño. Pero le devolvió control. Le permitió respirar. Y con esa respiración, su deseo también se per







