La noche amenazaba con llegar sobre la Manada de Hierro cuando los Ardenne fueron escoltados hacia la salida del territorio, sin despedidas o buenos augurios,
La orden había sido clara, y el alfa era flexible; en caso de no querer cumplirse, había vía libre; después de todo, para él esa gente no tenía valor alguno.
El beta, de mucho más tacto y formalidades, intentaría llevarlos por el camino menos doloroso, por la Luna de la manada.
Sin escándalos. Sin violencia innecesaria. Pero si se negaba