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Kael llegó al hospital con el paso apurado, los hombros tensos, como si aún llevara encima el peso de demasiadas batallas. El olor a desinfectante le resultó ajeno, incómodo. Ese no era un territorio donde su fuerza sirviera de algo. A ese lugar se llegaba con problema, o abatido...sin dudas ese era su cao los últimos días.

Lysandra lo esperaba en la puerta de la habitación.

No dijo nada al verlo. No hizo falta. Sus ojos hablaban por ella.

—Está consciente, Kael... lo está —le dijo en voz baja—
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