Kael avanzó primero.
No necesitaba anunciarse.
El simple hecho de que cruzara la sala bastó para que el murmullo humano se apagara poco a poco, como si alguien hubiese bajado el volumen del mundo. A su lado caminaba Sebastian, su beta, serio, atento, y detrás de ellos un grupo reducido de los lobos más fuertes de la manada: hombres altos, hombros anchos, mandíbulas duras, músculos tensos bajo la ropa oscura.
Al lado de ellos, los humanos parecían… frágiles, pequeños e indefensos.
La familia Ate