El teléfono de Kael vibró sobre la mesa de madera.
El sonido pareció romper algo frágil en el aire.
Kael ni siquiera miró el aparato. Su mandíbula se tensó apenas, como si aquel objeto fuera una molestia innecesaria, un recordatorio del mundo del que había escapado por fin.
—¿No vas a atender?… —murmuró Lysandra al principio, todavía débil.
El teléfono volvió a vibrar.
Ella lo miró y luego levantó los ojos hacia él.
—Kael… —dijo con suavidad—. Puede ser importante. Deberías hacerlo.
Él la obser