La explanada central de la Manada de Hierro estaba colmada.
Lobos en forma humana, guardianes, familias enteras. Nadie fue excluido.
Aquella reunión no sería privada, sería un juicio a cielo abierto. El objetivo era que todos supieran la realidad que enfrentaban.
En el centro, frente a todos, se alzaban los Antiguos, con sus capas oscuras y miradas afiladas. A su lado, para sorpresa y disgusto de muchos, estaban Iris Valente y el alfa Nathaniel, de la Manada del Sol. Era rara su presencia, pero