Lo que más desconcertó a Lysandra no fue el lugar.
Fue la sonrisa y la tranquilidad que se respiraba en el aire; esa gente estaba en paz con la decisión que habían tomado.
Las personas caminaban tranquilas, hablaban entre ellas, se detenían a ayudar a otros sin miedo, sin mirar por encima del hombro. No había tensión en el aire, ni esa sensación constante de peligro que ella había aprendido a reconocer desde niña. La toxicidad que siempre rodeaba el ambiente, allí prácticamente no existía.
—Aqu