La casa del alfa quedó sumida en un silencio antinatural.
Demasiado grande.
Demasiado vacía.
Kiki se movía por la cocina encendiendo luces, sacando ollas, intentando fingir normalidad. El tintinear de los utensilios era lo único que rompía el peso que flotaba en el aire.
—Tienes que comer algo —dijo sin mirarla—. No sirve de nada preocuparse así. El alfa va a encontrar a Nyra. Debes confiar en que todo va a salir bien.
Lysandra, sentada a la mesa, tenía las manos entrelazadas con tanta fuerza q