Lysandra Ardenne permanecía sentada en uno de los bancos del pasillo principal, seguía con las manos entrelazadas sobre su regazo. Se planteó varias veces que su mate sabría mejor si ella esperaba un niño o no. Después de todo, él tenía un instinto que tal vez ella no tenía, o no lo tenía del todo desarrollado.
Intentaba mantener la calma... Estar casi sola en un lugar tan amplio generaba ansiedad.
Pero cada sonido —un paso lejano, el roce de una puerta, el murmullo de una sanadora— hacía que