La oficina del doctor Gregori estaba iluminada por la luz blanca que entraba desde el ventanal alto. Sobre el escritorio de madera reposaba un sobre abierto y varios documentos extendidos con precisión clínica.
Lysandra Ardenne, la luna de la manada de Hierro, sintió cómo su pulso retumbaba en los oídos mientras tomaba asiento frente al escritorio. A su lado, Kael Vyron permanecía de pie, firme, una mano apoyada en el respaldo de la silla de ella, y un aura de felicidad que completaba su atuend