ADRIAN
Las puertas del ascensor se cierran y el silencio que queda atrapado con nosotros se vuelve sofocante, demasiado estrecho para la forma en que respiro. Sigo sosteniendo su mano. No sé en qué momento dejé de justificar el contacto como un simple gesto para guiarla. No quiero soltarla. Y eso… me irrita más de lo que debería.
Bianca evita mi mirada, pero escucho su respiración, más profunda, más rápida, como si intentara mantener la calma y fallara en el intento.
—¿Siempre permites que cual