ADRIAN
Voy camino a la mansión. La reunión es a las siete en punto y el tráfico, por una vez, juega a mi favor. Aun así, no logro relajarme. Algo no encaja del todo y mi cuerpo lo sabe antes que mi cabeza.
El auto avanza con suavidad, escoltado a distancia. El vidrio polarizado refleja la ciudad como un espejo oscuro cuando, de pronto, el ambiente cambia. No es un ruido lo que me alerta primero, es la sensación. Esa presión incómoda en el pecho que solo aparece cuando algo está a punto de estal