ADRIAN
Estacionamos frente a la mansión de los Ivanov y bajo del vehículo sin decir una palabra. Los guardias en la entrada reaccionan de inmediato; se comunican por radio mientras avanzo hacia ellos. No me permiten el paso. Forman una muralla impenetrable, en la entrenada para no ceder ante nadie.
No discuto.
No explico.
Solo espero.
La paciencia también es una forma de poder.
La puerta principal se abre al cabo de unos segundos y aparece el rubio. Vladimir Ivanov. Un viejo amigo de la juve