ADRIAN
Estacionamos frente a la mansión de los Ivanov y bajo del vehículo sin decir una palabra. Los guardias en la entrada reaccionan de inmediato; se comunican por radio mientras avanzo hacia ellos. No me permiten el paso. Forman una muralla impenetrable, en la entrenada para no ceder ante nadie.
No discuto.
No explico.
Solo espero.
La paciencia también es una forma de poder.
La puerta principal se abre al cabo de unos segundos y aparece el rubio. Vladimir Ivanov. Un viejo amigo de la juventud. Su sola presencia hace que todo se mueva.
—A un lado —ordena.
Sus hombres obedecen de inmediato. Nos saludamos con un apretón firme. Sus ojos recorren mi rostro, mi postura, mi estado. Chasquea la lengua, como si ya supiera que no estoy bien, y me hace una seña para que entre.
Aunque vivimos en la misma ciudad, no nos vemos seguido. Vladimir se mueve en un mundo en el que no quiero involucrarme. Francis piensa lo mismo; por eso prefirió trabajar conmigo. Conoce la forma de operar de los Iv